29.5.12

Reflexiones al final del taller de experimentación plástica Mayo 2012. Sobre el soporte.


El presente ensayo reúne mis reflexiones sobre el trabajo realizado en el taller de Investigación Plástica con el maestro Arturo Miranda de Febrero a Mayo de 2012. Las obras realizadas son una serie de pinturas al óleo, algunas adjuntas en forma de anexo a este ensayo.
Para este semestre continué explorando el cuerpo fantástico, esta vez por medio del automatismo, interpretando los cuerpos que “veo en las manchas”, siguiendo el camino de descubrir en los trazos cuerpos y paisajes. También me propuse explorar maneras de unir el cuerpo con un entorno orgánico para sugerir un mundo sin gravedad, con límites ambiguos e inciertos, como retratos de seres en su predicamento frágil y enigmático en el inseparable ambiente de los afectos y las repulsiones.
Realicé 8 ejercicios en óleo sobre papel, luego dos cuadros pequeños en tela (009 y 010), continué con 8 ejercicios en papel y terminé con tres cuadros en tela (017, 018 y 019). A ese trabajo se incorpora la tarea sugerida por el maestro Arturo de elegir un pintor que hiciera algo distinto a lo que hago, como ejercicio introspectivo para ayudar con la definición de lo propio. Para ese ejercicio elegí a Sandra del Pilar.[1]
A partir de la experiencia de este semestre mis reflexiones son de tres tipos: un breve comentario sobre el soporte; una reflexión sobre el aspecto formal y la génesis de la forma; y una reflexión sobre lo temático, que está encarada desde la comparación con el trabajo de Sandra del Pilar.

1.
Con respecto a los soportes que elegí para pintar al óleo, que son el papel y la tela, hay dos aspectos que quiero rescatar. El primero tiene que ver con la tensión que se produce cuando uno se enfrenta al blanco de la tela y la manera en que se modifica esta experiencia cuando se trabajar sobre papel. Y es que el papel propicia resultados más fluidos y espontáneos, quizás porque es un material más humilde que la tela o porque estamos en un tiempo donde es razonable economizar, es positivo aprovechar el papel gris que se da gratis en San Carlos y sacarle el mejor partido. En este lugar de familiaridad y confianza que otorga el papel, lo que resulte queda inscrito dentro de un ejercicio sin imperativos de concreción ni finalidad específica, es decir, no tiene que terminar viéndose como un cuadro y por eso se presta muy bien para explorar desinhibidamente formas y colores. Lo dicho anteriormente trae consigo la siguiente pregunta: si el trabajo sobre papel es exploratorio y espontáneo, ¿entonces cómo es el trabajo sobre la tela?, ¿será calculado? Exagerando un poco, la respuesta es que pintar en papel es análogo a practicar natación en una piscina como entrenamiento para cruzar a nado el Estrecho de Magallanes. Pintar sobre papel puede cumplir con esa finalidad de soltura al pintar en la tela.
Para registro, esta es la manera en que preparé el papel gris: dos capas de yeso diluido en un poco de agua y dos capas de pigmento diluido en una parte de barniceta y una parte de diluyente. Cada capa se puede aplicar sobre la previa casi seca. El papel se puede pinchar o pegar con masking tape a una tabla para pintar en la superficie de manera vertical. Esta imprimatura es suficiente para que el óleo no se absorba en el papel y la pincelada fluya bien. Aguanta toda la textura que uno desee darle. Los inconvenientes de trabajar en papel son los que precisamente se corrigen al trabajar sobre una tela enmarcada y es que la superficie en el papel no es completamente lisa y los baches crean luces y sombras muy distractoras.
El otro asunto que se desprende del trabajo en papel se relaciona con el balance entre pintar sin hacer juicios a lo que se hace, vs. trabajar planeando para supuestamente controlar la imagen. Por un lado la pintura en papel acoge bien el sentimiento que quiere manchar sin finalidad clara y que busca una satisfacción más inmediata a la necesidad de pintar. Son garabatos en un papel, juegos de formas  irrelevantes, incongruencias, prejuicios y cursilerías, como si todo eso tuviera que salir antes de que pueda salir algo mejor. Un ejercicio para ver qué se puede rescatar, un brainstorming de garabatos para ver si algo de eso. Se suspende el juicio crítico y se deja salir todo. Se trata de ver para luego creer en la propia capacidad de crear imágenes interesantes.
Este método de ejercitar presupone una jerarquía de imágenes, un criterio de autoselección. Trabajar en papel de manera preliminar a pintar en la tela promueve la autoreflexión sobre el propio trabajo. Me parece indispensable tener claridad sobre la diferencia entre un cuadro y un ejercicio de un cuadro, y trabajar en papel ayuda a delimitar esta jerarquía natural. La conclusión es que los ejercicios en papel permiten una relajación y apertura por un lado, y por otro un límite elemental que enmarca la exploración dentro de lo que son solamente puntos de partida y no fines en sí mismos. Este acercamiento a la pintura acepta la idea de un camino paulatino de aprendizaje o descubrimiento de las propias capacidades de crear imágenes y es, por tanto, el mecanismo opuesto a las tendencias posmodernas de cuestionar y problematizar la pintura en sus principios fundamentales o tradicionales, como son el desarrollar una destreza o maestría, o simplemente una soltura con la materia.
Para quien quiera explorar la pintura sin caer en la tentación de causarle la muerte recurro a Cuauhtémoc Medina quien a pesar de abrazar alegremente el fin de las artes tradicionales ofrece un consejo para pintores: “En efecto, la amenaza que sufre el pintor contemporáneo proviene de un doble escepticismo: la visión minimalista del cuadro como mera materialidad desencantada, y la absoluta intercambiabilidad de las imágenes, sin importar su condición fenomenológica y material. De ahí que la tarea de los artistas que aún se conciben esencialmente como pintores es también doble: por un lado tratar de rescatar la experiencia de seducción y convicción para la ilusión pictórica, y por otro lado perseverar por medio de subterfugios conceptuales en arrinconar al espectador a ocupar el espacio del efecto psicológico de la pintura.”[2]


[1] http://www.sandra-del-pilar.com/ 17/05/2012
[2] Quedo debiendo la fuente exacta de esta cita. Es posible que esté en uno de estos ensayos de Cuauhtémoc Medina del periódico Reforma http://www.arte-mexico.com/critica/cm.htm 29/05/2012

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