9.4.15

Yo no soy mis imágenes. Yo soy ilustradora.

Cuando asistí a lo que en la FAD llaman "propedéutico" para el doctorado en pintura, el maestro que estaba supuestamente ayudándonos a entender lo que es una investigación en la FAD nos pidió que trajéramos muestras de nuestra obra. Con toda la arrogancia que le permitía su puesto vitalicio se permitió hacer juicios de nuestra obra, y como si fuera una ventanilla de atención al público fue revisando portafolios sin ningún otro criterio mas que el de su propio gusto. No estaba claro porqué eso nos ayudaría a entender mejor lo que es una investigación en producción. Y que tenía un doctorado en educación, nos dijo.
Yo llevé una carpeta con los trabajos que había estado haciendo para una investigación sobre la técnica mixta digital, tenía cosas impresas en un plotter Epson en tinta indeleble, en papel de algodón que luego había pintado con acrílicos, y había una serie de pasos manuales y otros digitales que invitaban a preguntas ya quizás pasadas de moda, sobre reproducción, sobre herramientas, sobre estéticas híbridas. Eran ejercicios que servirían para arrancar la investigación. No, no tenía mucha carnita mi propuesta, ni orden ni objetivo claro, pero eso no es lo que quiero tratar aquí. Esto se trata de lo que dijo este maestro cuando vio mis trabajos, y fue esta pregunta: "¿pero dónde estás tú aquí?"








Este señor esperaba que yo "estuviera" en mis obras.

Todos los diseñadores trabajan para alguien, e incluso cuando tienen obra propia, están trabajando para una idea, es una imagen para un concepto. Los ilustradores, que en la academia son un subconjunto del área de diseño, están todavía más enfocados en servir a un projecto encargado por alguien más, una editorial, una revista, etc. La idea de ser un diseñador profesional está un poco peleada con la idea de tener una manera de hacer las cosas que es única y reconocible. La idea de que el diseñador va a estar presente de alguna manera en la imagen, más prominentemente que la marca, por ejemplo, no es muy profesional. Esto no quita que sea cierto que hay marcas que pagan para que un artista con una obra repetitiva y monótona sea representante de la marca.
En general podemos decir que para diseñadores profesionales sirviendo a un cliente lo que importa es la marca, no el diseñador. Entonces esta pregunta sobre si uno está o no en su obra, no es una pregunta relevante como aparentemente lo es para los pintores.
Un diseñador puede tener un estilo, una manera de resolver los encargos, o no, el asunto es que no es requisito para hacer algo bien. De hecho para la solución de un encargo puede hasta ser negativo que esa solución se parezca a la solución que uno hizo para otro cliente que está en otra industria, por ejemplo.
Y esta idea, esta idea que persigue a algunos creadores, de que tenemos que tener un estilo, es una idea que sirve para que personas como este señor del propedéutico nos puedan identificar: ah, tú eres la de las mujeres con pájaros en la cabeza, ah, tú eres el de los luchadores, ah tú eres el que pinta todo de rojo. También es la típica recomendación que se da para quién quiere mostrar un portafolio. Pero, ¿es una buena recomendación?

El diseño, y sobretodo la ilustración de literatura, es una amalgama de lo propio, lo que conoce el artista, y las ideas que están en el encargo, el libro o el cuento, es decir, en otro autor. Es un trabajo a cuatro manos, donde el que diseña o ilustra deja de estar preocupándose de mirarse el ombligo para luego retratarlo. En el diseño y la ilustración se trata de pensar qué es lo que serviría mejor al encargo.
Hay pintores que son capaces de crear un mundo nuevo porque ellos mismos son autores de las ideas que luego serán ilustradas. Los pintores que elegí en mi tesis de maestría, Colunga, Toledo y Lezama, son de esa tradición. La pintura de lo fantástico es posible cuando el pintor ha creado un mundo en su cabeza que luego puede reproducir. Ese pintor se tiene que creer su cuento. No se trata de que ellos "estén" en su pintura, ellos de hecho, han dejado lo personal para retratar algo ajeno a ellos, aunque eso puede llegar a ser tan íntimo como una creencia. Es de ahí que surge una verdadera creación.

Esta idea de que nosotros somos nuestra obra es una idea que no tiene sentido en la investigación en el arte, o dicho de otro modo, me parece que mientras un artista no quiera ver qué hay detrás de esta idea de "ser su trabajo" no podrá tener ninguna objetividad para investigar una obra. Si los maestros encargados de explicar una investigación doctoral hecha por un artista están esperando que ese artista hable en términos de "ser o estar en la obra" yo no veo cómo esa puede ser una investigación seria.

Me está gustando muchísimo la ilustración porque este tema de lo personal en el arte tiene su justo lugar: el objetivo de la imagen es servir una idea, no se trata de servirme a mí, ni a mis ideas que en mi caso no tienen ningún rigor ni disciplina narrativa detrás. Pero, ¿con qué aporto al encargo? Obviamente que con lo personal, con todo lo que he visto y aprendido, con todo lo que he vivido y lo que soy capaz de dibujar y colorear.
Ilustrar es navegar con la idea de alguien que sí invirtió trabajo y esfuerzo en una historia, en un personaje, en una visión novedosa del mundo, para luego pintar lo que se alucina en ese viaje.

Yo no soy mis imágenes. Yo soy ilustradora.


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