29.5.12

Sobre la relación con el espectador, o del mensaje.


Voy a tratar de hacer una interpretación de mi obra para luego relacionarla con el trabajo de Sandra del Pilar, como ejercicio propuesto por el maestro en el taller de experimentación plástica. La finalidad de este ejercicio, no es de autocrítica, ni de crítica a otra pintora, sino de autodefinición por comparación. Sandra del Pilar es una pintora que se declara posconceptual y que tiene varias obras que yo admiro en cuanto a su técnica y en cuanto a composición. Trataré de explicar porqué yo no pinto como ella, y así tratar de llegar a una definición de lo mío, haciendo caso omiso de lo perjudicial que puedan ser las comparaciones. Y es que en el afán de definir el trabajo de otro se pueden cometer errores de simplificación, como los del primer ensayo que hice al respecto y que Sergio Sanjinéz, creador de los videos de Sandra del Pilar, con justa razón calificó de "enorme desatino".

Creo que el otro error que cometí en el ensayo anterior, que podría corregirse con mejores señas sobre cómo analizar una obra pictórica, fue suponer las intensiones de un pintor en vez de analizar la obra de un pintor.

En el espíritu de subirme al caballo después del porrazo, hasta aprender a cabalgar... aquí voy de nuevo:


Mi obra se trata de las varias identidades, de los varios cuerpos de una mujer. También se trata de las relaciones, de las emocionalidades en esas relaciones. Son ideas, percepciones personificadas, balanceándose, luchando por espacio y poder, al modo de las fábulas en la literatura. Se pueden considerar como "instantáneas" o visiones de mi misma y de otros en relación a mí, en una fluidez del concepto de identidad, que nunca se acaba de definir, que sufre cambios y mutaciones, luchas y descubrimientos. Pinto lo que voy sintiendo en el momento que pinto. Mundo interior a veces abotagado, con monstruos y beldades, amantes, madres e hijos, y seres extraños en relaciones difíciles de definir. El yo desperdigado, sin formas reconocibles ni códigos descifrables, orgánico, más o menos naturalista. Un proceso de introspección, de crónica de búsqueda interior desde la historia personal afectiva, la relación con el cuerpo, la sexualidad y el amor.
En mi obra no hay un trabajo intelectual para la gestación de la imagen. No planeo un tema ni estudio sus posibilidades iconográficas, pero sí creo o acepto las deformaciones del cuerpo que van surgiendo, para construir y animar, enfatizar y tratar de encontrar las emociones que concuerden con alguna idea que me parece digna rescatar, que reconozco o que puedo relacionar con una experiencia, o que simplemente me llame la atención por lo novedosa, extraña y sugerente. En este sentido no tengo un control de un mensaje, porque no tengo un mensaje específico.

En contraste, es el control del mensaje o plano semántico como lo llama Acha, el que predomina en la obra de Sandra[1]. Su obra es una respuesta o comentario a la realidad cotidiana y en algunos de sus proyectos pictóricos, ella utiliza la pintura de manera que los cuadros son parte de todo un proceso artístico-filosófico-experimental. Un ejemplo es esta pintura que vi en la XV Bienal de pintura Rufino Tamayo, en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, (MACO):
La ciudad de los corderos: ¿Cómo mueren las muertas de Juárez?, 2011, óleo sobre tela, díptico, 150 x 200 cm
Mientras que yo encuentro las imágenes en la pintura misma, o en la tela misma mientras la estoy pintando y no tengo temas específicos que quiera representar más que los que salgan de mi mano, Sandra dice que buscó "un lenguaje pictórico no para expresar las ideas sino para seguir elaborando las ideas adentro de la pintura. Es como un poco lo que dicen que la pintura es una especie de investigación, pero no la haces por escrito, no yendo a bibliotecas, sino pintando, expresándote de manera visual”. Si entiendo bien y a juzgar por la explicación de su trabajo en su sitio web, Sandra hace una representación de un tema que le preocupa, un tema que es un suceso histórico y verídico como son los feminicidios en Juárez.  En el caso de su proyecto de retratos de mujeres maltratadas donde se “trata de reivindicar los derechos por los cuales las mujeres debemos luchar… son retratos de mujeres que han pasado por la violencia de género, que crean sus identidades mediantes sus historias de violencia” la pintura tiene una finalidad, quiere dialogar, como ella misma lo explica, con el espectador.

Mi pintura no tiene la ambición de generar diálogo con el espectador, independiente de que eso sea deseable, o incluso posible. Por esto, lo que diferencia mi pintura de la de Sandra, es que la suya tiene que ser naturalista para comunicar el mensaje de denuncia, y lo mío mezcla naturalismo con expresionismo, porque no tiene mensaje específico en relación con una problemática social. El proceso subjetivo y personal, que no busca deliberadamente una comunicación o diálogo con el espectador puede entretenerse en imágenes ambiguas.

Tiene sentido entonces que la técnica de Sandra sea minuciosa y naturalista, que exista una verosimilitud cuando de trata de los cuerpos y sus rostros, que estos expresen emociones que sean reconocibles fácilmente por el espectador. Los rostros expresan cosas que están en nuestra memoria y eso está logrado en su obra.
En mi caso, los cuerpos y rostros son como personajes nunca vistos, con deformaciones y expresiones no naturales, que además son ambiguas y poco reconocibles. Mis imágenes están más cerca de la fantasía que de la realidad.

Me gustaría terminar con una cita de Anthony Julius que a mi parecer define bien las intensiones de mi pintura: “La función del arte es explorar la forma, el arte no pretende cambiar opiniones ni ofrecer reflexiones sobre el mundo. Se interroga a sí mismo, no al Estado; se contempla a sí mismo, no a la realidad exterior.”[2]



[1] Todas las citas en adelante, son sacadas del video de Sandra y escritos de su sitio web.
[2] Anthony Julius, Transgresiones, El arte como provocación, 2002, Destino, Madrid, pp.36-42.

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